VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

¿QUÉ ES DONACIÓN DE ORGANOS?

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Donar un riñón salva una vida pero ¿qué pasa con la vida del donante?

  

Casi todos los seres humanos tenemos dos riñones. Hay casos en que algunas personas nacen con uno solo e incluso casos tan raros en que tienen hasta cuatro. Pero tener sólo dos es lo usual. Ambos tienen la misma función: Limpiar la sangre y otros líquidos del cuerpo, extrayéndoles las impurezas y sales que tienen en exceso. Todos esos “desechos” son convertidos en la orina que eliminamos a diario. Esa limpieza es indispensable. Si la sangre no se limpia el cuerpo se “envenena” y la muerte ocurre a los pocos días. Por lo tanto lo que hacen los riñones es vital.
Cuando los riñones no funcionan bien aparece la Insuficiencia Renal. Los que la sufren deben vivir permanentemente cerca de una máquina de diálisis (que limpia artificialmente la sangre) o someterse a un transplante de riñón. Si no hacen alguna de estas dos cosas, morirán. No hay alternativa.

 

Los científicos no están completamente seguros pero es posible que ese riesgo tan grave es lo que haga que tengamos dos riñones y no uno solo. Como si tuviéramos permanentemente una reserva para casos de emergencia. Porque con un solo riñón sano (es decir, uno que funcione al 75% de su capacidad) podemos vivir normalmente. 

Por eso existen los trasplantes de riñones de donantes vivos. Está plenamente demostrado que es mejor recibir un riñón “fresco” (es decir, sacado de un paciente vivo) que uno de un paciente recientemente fallecido, como sucede con otros órganos trasplantados. Las consecuencias para el enfermo son revolucionarias: Luego del trasplante pueden hacer una vida normal. En una palabra: Renacen. Pero qué consecuencias tiene la donación para el donante?


 

 

Lo que ocurre con el donante.

Para empezar es indispensable que el donante tenga un vida sana. Es decir, que tenga sus riñones en perfecto estado. Caso contrario sería peligrosísimo para él deshacerse de uno de sus riñones pues en caso de fallar el que le quede no tendría reemplazo y podría morir. Es por eso que el donante debe ser rigurosamente evaluado por los médicos para que su vida no esté en peligro. Sólo se aceptarán donantes que hayan pasado todos los exámenes de riesgo. Es cierto que donar puede salvar una vida. Pero no tiene sentido que lo haga al precio de destruir otra.
Luego de la operación de extracción, el donante se quedará con un sólo riñón con el que podrá vivir normalmente. Claramente este riñón solitario tendrá más trabajo que el que tenía antes (porque tendrá que filtrar, él solo, la sangre que antes filtraban dos). Pero el cuerpo humano tiene una capacidad de adaptación asombrosa y se encargará de realizar algunos cambios en el riñón para que todo salga bien. El principal es que el que el riñón crecerá en tamaño (un proceso conocido como hipertrofia) aumentando su capacidad de trabajo.

El donante, eso sí, tendrá que tener una vida pausada durante las primeras dos semanas después de la extracción para darle tiempo a su cuerpo a que se adapte a la nueva situación. Pero entre las 6 y las 8 semanas posteriores a la operación, ya podrá hacer una vida normal, incluso actividades deportivas intensas sin ningún inconveniente.

De todos modos se han reportado algunos pocos casos en que todo salió mal, que el riñón que quedó nunca pudo sobrellevar su nueva carga y que el donante sufrió él mismo una insuficiencia renal. Estos casos son muy minoritarios. Pero han ocurrido. Es por eso que los exámenes previos a los que se debe someter el donante deben ser muy estrictos para asegurarse que no sólo sobreviva a la extracción si no que podrá tener una vida completamente normal. Es lo mínimo que merece el donante por su generosidad.

Fuente: Centro del RiñónGuadalajara

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